Bienvenidos al blog La Kriegsmarine en castellano

¡Hola!

Bienvenidos a todos a este blog en el que pretendo traer poco a poco la historia de los buques de superficie alemanes en la Segunda Guerra Mundial. No dejare de lado la historia de los U-boote pero estos serán lo menos ,al menos por ahora.

Desde mi modesto punto de vista de aficionado intentare traer artículos que toquen todos los puntos posibles: Técnica, historias menores, las grandes operaciones, a los propios buques, fotos y videos... Todo ello usando las fuentes que están colgadas,o lo estarán,en el blog.

Cualquier comentario,critica u opinión sera bienvenida.

¡Grube!!

viernes, 12 de diciembre de 2014

Entrevista a Luis Sanz II

¡Hola!

Viene la segunda parte de la entrevista a Luis Sanz:

Entrevista a Luis Sanz II

-Empecemos ahora con la Kriegsmarine. A mi juicio, muchos de los valores , ideas y planes que posteriormente darían forma a la Kriegsmarine nacieron un día en concreto: en el autohundimiento de la Kaiserliche Marine en Scapa Flow el 21 de junio de 1919 ¿cómo piensas que influyó en la posterior historia naval alemana?

No sé hasta qué punto el autohundimiento en Scapa Flow significó un cambio tan radical, ya que con toda probabilidad en Versalles se hubiese impuesto a Alemania la desaparición de su marina de guerra. Al menos limpió a la marina de la mancha que había supuesto el motín de Kiel, el detonante de la revolución que obligó a Alemania a pedir la paz en 1918. Yo creo que tuvo mucha más importancia para el desarrollo posterior la Kriegsmarine el que la inmensa mayoría de los marinos de guerra tuviesen que abandonar su profesión, que se disolviesen los equipos de diseño naval, y que los astilleros navales especializados tuviesen que centrar su actividad en la construcción de buques civiles.

En esa línea es interesante comprobar que la Bundesmarine, la marina de la República Federal de Alemania, tuvo problemas similares cuando se reconstituyó en los años sesenta, y equipos de diseño naval tuvieron que diseñar barcos nuevos sin tener apenas experiencia, que hubo que construir en astilleros sin tradición en la construcción naval. La Bundesmarine necesitó veinte años para producir buques competitivos, y para ello tuvo que acudir a la colaboración con otras potencias navales. La Kriegsmarine ni tuvo esa opción, ni tuvo tanto tiempo.

-¿Cómo valora los años de entreguerras en la Reichsmarine?

Tal vez sea un poco radical lo que voy a decir, pero considero que fueron casi por completo años perdidos. El ejército alemán se benefició de la “poda” que tuvo lugar al final de la Gran Guerra, cuando casi todos los oficiales de carrera fueron dados de baja, y solo quedaron unos pocos, los mejores. Esos fueron los que revolucionaron la forma de hacer la guerra y consiguieron tantas victorias para Alemania. Ocurrió lo mismo que tras la Revolución Francesa, cuando tras apartar (o decapitar) a los viejos generales borbónicos surgió una generación de militares que dirigidos por Napoleón casi conquistaron Europa.

En la marina no ocurrió lo mismo. La Kriegsmarine tuvo mandos que derrocharon valor, pero que tácticamente no fueron mejores que sus enemigos. Eso se debe a la naturaleza técnica de la marina. En la guerra moderna la técnica tiene un papel importantísimo, especialmente en la marina o en la aviación. Pero (en los treinta) diseñar un nuevo avión costaba tres años, mientras que una nueva clase de buques llevaba más de un lustro.

Además durante los años veinte las principales potencias navales pudieron hacer todo tipo de experimentos. Probaron el efecto de las armas en barcos viejos (incluso en alguno nuevo que no iba a ser completado), probaron nuevas tácticas, y diseñaron nuevos tipos de barcos. No todos los experimentos salieron bien, y los fondeaderos se llenaron de buques de diseño extraño y de utilidad dudosa. Pero otros proyectos resultaron especialmente exitosos, especialmente los relacionados con la aviación naval.

La marina alemana en ese periodo bastante tuvo con sobrevivir. Quedó relegada a una flota costera, con barcos con dos decenios en sus cuadernas, y bastante tuvo con mantenerse. Los astilleros especializados tuvieron que dedicarse a la construcción de buques civiles, y los gabinetes de diseño naval fueron disueltos. Por eso los buques que se construyeron durante el rearme eran muchas veces desarrollos de proyectos de la marina del Káiser. La Kriegsmarine tuvo que hacer sobre la marcha los experimentos que otras potencias habían hecho diez años antes, y algunos salieron muy mal. Por ello unidad por unidad los barcos alemanes solían ser mucho más caros, bastante menos fiables, pero no más potentes que los de los aliados. Y la marina alemana tenía deficiencias en campos claves, como el crucial, ya citado, de la aviación naval.

Por eso creo que salvo en el arma submarina Alemania había perdido al menos diez años de desarrollo naval.

-En muchos foros hemos discutido, ampliamente, sobre el papel como corsarios de los grandes buques de la Kriegsmarine (Bismarck, Admiral Scheer, Admiral Hipper...) ¿te importaría exponerla, una vez más, para los lectores que no hayan tenido la ocasión de leerla?

En español hay un dicho: “a toro pasado, todos toreros”. Jugamos con la ventaja de saber lo que ha ocurrido y, desde ese punto de vista, la campaña corsaria de los grandes buques de la Kriegsmarine solo puede describirse como decepcionante. Apenas tres salidas tuvieron éxito: la operación Berlín, es decir, la salida de los acorazados Gneisenau y Scharnhorst en 1941, la tercera salida del crucero pesado Admiral Hipper, y el crucero del “acorazado de bolsillo” Admiral Scheer. Otras salidas se frustraron por averías mecánicas, por encuentros con barcos ingleses, y con frecuencia acabaron desastrosamente, perdiéndose la mitad de los acorazados (el Bismarck y el Scharnhorst, más el acorazado de bolsillo Graf Spee). En esas operaciones la Kriegsmarine perdió más vidas que los ingleses, y el valor de las unidades perdidas fue bastante superior al del puñado de viejos mercantes que consiguieron hundir.

Hay que comprender la situación en la que se encontraba Raeder para entender esta estrategia. En la memoria alemana estaba el triste papel de la flota del Káiser, amarrada en puerto mientras la juventud alemana moría en las trincheras. La inactividad hizo que los mejores elementos pasasen a los submarinos, quedando en la flota las manzanas podridas, que acabaron amotinándose. En la nueva guerra la marina no podía repetir lo de 1914: la marina alemana tendría que combatir.

Por otra parte una de las consecuencias que los estrategas alemanes obtuvieron de la guerra anterior era que la flota de superficie nunca podría derrotar a la muy superior Royal Navy inglesa, pero que Inglaterra tenía un punto débil, su dependencia del comercio marítimo. Una de las formas de atacarlo era con submarinos, pero los buques de superficie también podrían ser muy efectivos en ese papel. En 1914 unos pocos cruceros ligeros, especialmente el Emden, causaron grandes trastornos a los ingleses.

Para comprender a Raeder hay que recordar la campaña del Emden. Era un crucero pequeño y viejo, pero que operando en el Índico capturó catorce barcos aliados, hundió un crucero y un destructor, y destruyó una refinería. Pero finalmente tuvo que enfrentarse a un crucero australiano, que lo destruyó con su más potente artillería. Raeder decidió que los barcos alemanes tendrían que poder efectuar campañas como la del Emden, salvo por su final: los barcos alemanes tendrían que poder derrotar a todos los buques de los que no pudiesen escapar. Así los acorazados de bolsillo, realmente cruceros pesados, tenían armamento propio de acorazados, y los Bismarck eran un 40% más grandes que sus contrapartes ingleses.

Pero los estrategas alemanes recordaban la lección del Emden, pero no la de la flota de Graf Spee, que tras una larga correría fue sorprendida y destruida por una flota británica superior. Lo que no se tuvo en cuenta es que para un corsario de superficie, operando en aguas hostiles muy lejos de sus bases, daños relativamente poco importantes significaban la sentencia de muerte. Cuando los barcos aliados (o los japoneses) sufrían daños similares a los sufridos por el Graf Spee o el Bismarck, tan solo era cuestión de escoltarlos o como mucho remolcarlos hasta algún puerto propio, donde eran parcheados de tal forma que pudiesen llegar a los astilleros para su reparación. Hubo barcos aliados que sufrieron daños gravísimos: en 1945 en el portaaviones USS Franklin estallaron más de sesenta bombas, tuvo 1.200 bajas (más de ochocientas muertes) y aun sí pudo volver a casa y ser reparado. El crucero pesado USS New Orleans vio como su pañol delantero estallaba y su proa se partía al ser torpedeado en Guadalcanal. Aun así se pudo hacer una reparación de emergencia, y el barco acabaría siendo reparado. En comparación las averías del Graf Spee o del Bismarck eran minúsculas… pero se produjeron en mares alejados donde cualquier revés significaba la destrucción.

Lo interesante es que los barcos alemanes suponían una amenaza mucho mayor cuando permanecían en puerto. En la caza del Bismarck los ingleses perdieron un crucero de batalla muy valioso (el Hood), y tuvieron que dedicar la mitad e su flota, pero tras hundir al acorazado alemán los barcos ingleses quedaron libres y pudieron intervenir en otros escenarios. Sin embargo el gemelo del Bismarck, el Tirpitz, que pasó casi toda su vida en puerto, obligó a los aliados a mantener en el escenario a una flota muy superior, solo por si salía, sin poderla enviar a otros escenarios donde era desesperadamente necesaria. Curiosamente el Tirpitz acabó indirectamente con el acorazado Rodney, el verdugo de su gemelo Bismarck: el Rodney tuvo tales averías en esas misiones de vigilancia que tuvo que ser desguazado. La batalla del Bismarck tiene más “glamour” que oxidarse en un puerto noruego, pero el Tirpitz contribuyó más a la causa del Eje que el Bismarck.

Además tenemos que recordar que la campaña que decidió la derrota alemana se libró en Rusia, y en ella tuvieron importante papel los suministros aliados, en parte llevados por la ruta ártica. Cuando la Kriegsmarine perdía sus acorazados en el Atlántico estaba permitiendo que los vitales convoyes a Murmansk llegasen con escasa interferencia.

-Me imagino que, por el contrario, tu opinión sobre los mercantes corsarios será más favorable ¿puedes ampliarnos tu parecer sobre estas cuestiones?

Al contrario que con las grandes unidades corsarias, los mercantes corsarios fue una ocasión perdida para Alemania, especialmente al principio de la guerra. Entonces los aliados tenían pocos barcos y menos aviones para patrullar mares lejanos, y la mayor parte de sus mercantes aun no estaban armados y navegaban con independencia. Los corsarios mercantes eran el barco de guerra ideal: muy barato y muy rentable: los once cruceros auxiliares alemanes (de los cuales solo nueve salieron al mar) en sus doce salidas hundieron o capturaron más de 150 embarcaciones enemigas, incluyendo un crucero ligero, el Sídney, que por si solo costaba más que los once corsarios. No fue fácil porque siete corsarios acabarían siendo hundidos. Pero resultaron tremendamente rentables tanto por los buques que hundieron como por las fuerzas que los británicos tuvieron que emplear en su caza.

¿Podría haber enviado Alemania más corsarios? Creo que sí. La Kriegsmarine utilizó un buen número de barcos de todo tipo para abastecer a sus barcos de superficie en sus correrías por los océanos. No todos eran aptos para ser transformados en corsarios, pero sí algunos ¿Qué hubiesen podido hacer veinte o treinta corsarios alemanes en 1940 y 1941? No lo suficiente como para modificar el curso de la guerra, pero hubiesen dado muchos dolores de cabeza a los aliados.

Personalmente creo que la Kriegsmarine hubiese ayudado más al esfuerzo de guerra alemán facilitando la conversión de barcos en corsarios, tanto buques ya existentes (civiles y militares) como capturados, que con las salidas de sus grandes unidades de superficie.

-¿Que opinión te merece Raeder y el papel que realizó al mando de la Kriegsmarine?

Creo que Raeder era un jefe mediocre. Estuvo al frente de la Kriegsmairne desde 1928 hasta 1943, por lo que los fallos de la marina de guerra alemana, tanto de doctrina (lo de los acorazados corsarios, el ignorar el papel de la aviación) como del diseño de sus barcos hay que atribuírselos a él. Raeder formó una marina a su gusto. Consiguió mantenerla alejada del nazismo, lo que no es necesariamente bueno: su mucho más político sucesor Doenitz consiguió más de Hitler que el apolítico Raeder. Relación con el nazismo no implica automáticamente genocidio: la muy politizada Luftwaffe no se vio implicada en las barbaridades que cometió el bastante menos político ejército.

Respecto a la doctrina, ya he dicho mi opinión sobre los acorazados corsarios. Más grave todavía es que no se apreciase la enorme importancia que iba a tener la aviación. Por ello la Kriegsmarine no dispuso de portaaviones (luego hablaremos de ello) y la defensa antiaérea de sus barcos era bastante pobre: en la época en la que la Luftwaffe mostraba que la aviación decidía las batallas, la Kriegsmarine no diseñaba cruceros antiaéreos.

Desde el punto de vista técnico los barcos de la Kriegsmarine eran deficientes. Se usaron técnicas de construcción avanzadas (como la soldadura eléctrica de los cascos), que encarecieron mucho la construcción de los barcos, pero que no dieron el resultado esperado, especialmente en barcos pequeños. Se escogió un sistema de propulsión (calderas de muy alta presión) que aparentemente era muy atractivo al combinar economía, ligereza y potencia, pero que resultó una pesadilla. Así ocurrió que gran parte de la flota de destructores y torpederos alemanes estuvo más tiempo en reparaciones que en operaciones.

No es que en otras flotas no hubiese barcos “enfermos”, que los había y en cantidad, pero es papel de un jefe detectar esos problemas y corregirlos, y no empecinarse en ellos.

Hay otros aspectos criticables, como por ejemplo que se inmiscuyese en la vida privada de sus oficiales, pero son menores. Lo realmente importante, para juzgar al personaje, es pensar si la marina que construyó fue adecuada o no.

-¿Y a un nivel más particular, otros oficiales de menor rango? Me refiero a nombres como Lutjens, Linndenman, Krancke, Meisel, etc. ¿Crees que había un buen nivel de mando entre los buques de superficie?

Creo que en nivel de la oficialidad naval alemana era similar, tanto técnicamente como en pundonor y valentía, al de los mandos de las otras potencias navales. El problema no estaba ni en el valor ni en los conocimientos ni en la capacidad de mando de sus oficiales, sino en las deficiencias técnicas y doctrinarias de la flota. Aun así dada la inferioridad general de la marina alemana poco más pudieron hacer.

-Por las veces que hemos debatido eres muy crítico respecto al Plan Z alemán (2) ¿podrías compartir con los lectores su opinión al respecto?

El Plan Z, como nuestros lectores sabrán, fue un ambicioso plan de rearme naval alemán que pretendía la construcción de una flota que podía rivalizar con la británica. Raeder advirtió que si se emprendía, y la guerra comenzaba antes de 1944, la Kriegsmarine estaría casi indefensa, como ocurrió. Eso es un error evidente de Hitler, ignorante en temas navales. Pero en sí el Plan Z era de dudosa viabilidad y técnicamente erróneo.

La viabilidad era dudosa por su enorme coste económico. La economía alemana de 1939 estaba al límite. Es improbable que un plan que pretendía la construcción de 32 buques de batalla (acorazados, acorazados de bolsillo, cruceros de batalla y portaaviones) y 40 cruceros pudiese llevar a cabo. Como comparación la “Two Ocean Navy Act” norteamericana, promulgada en 1939, cuando la US Navy se preparaba para la guerra, incluía 13 buques de batalla (de los que solo dos fueron finalizados) y 18 portaaviones.

Es un hecho poco conocido, pero si la economía alemana no fue al colapso se debió a la guerra y la captura de importantes activos en Europa Occidental. Un plan megalómano como el Plan Z no tenía ningún viso de viabilidad, y probablemente no solo no se hubiese finalizado sino que se hubiese alargado tanto que gran parte de los barcos hubiesen quedado anticuados aun antes de botarse.

Otro factor a resolver era la limitada capacidad de la industria naval alemana, tanto en capacidad de los astilleros como en número de operarios cualificados, lo que probablemente hubiese implicado mayores demoras. En esto el que Alemania construyese diseños muy complejos (comparados con los coetáneos ingleses, por ejemplo) no ayudaba.

Además los posibles enemigos de Alemania también hicieron sus propios planes, en buena parte como respuesta al rearme alemán, e incluían más buques de batalla y más portaaviones que los proyectados por Alemania, y además con programas de construcción más racionales, es decir, con mayores visos de factibilidad.

Pero sobre todo el Plan era técnicamente erróneo. La flota salida del Plan Z hubiese sido ideal para 1918, pero no para 1939. Incluía nada menos que 22 cruceros exploradores ¡en la época de la aviación, del radar (del que Alemania era pionera) y del portaaviones! El plan, sobre todo, olvidaba casi por completo la aviación naval: solo incluía cuatro portaaviones, dos de los cuales eran los que estaban en construcción en 1939 (Graf Zeppelin y otro sin nombrar). Hay que señalar que el sistema de catapultas de esos buques hacía que muy probablemente el Graf Zeppelin hubiese dado mal resultado, al menos sin una gran reforma. Es llamativo, porque los ingenieros alemanes tuvieron acceso a los planos de los portaaviones japoneses.

Muestra de cómo se ignoraba la aviación naval era que no solo no había buques antiaéreos, sino que la defensa antiaérea de las unidades proyectadas era mínima: los cruceros clase 'M' (cuya construcción se inició en 1939 para ser inmediatamente desguazados en grada) solo contaban con cuatro cañones de 88 mm y doce de 37 y 20 mm. Los cruceros clase 'M' hubiesen entrado en servicio simultáneamente a los Cleveland, que llevaban doce cañones de 127 mm y 28 de 28 y 20 mm.

De haberse completado el Plan Z tal como estaba planeado, los "superpanzerschiffe" (una especie de acorazados de bolsillo agrandados, diseñados como corsarios) hubiesen entrado en servicio al mismo tiempo que los primeros reactores y las primeras bombas guiadas. Creo que con eso está dicho todo ¿Qué opinión puedo tener de un plan que olvidaba los portaaviones?

-Como todo en lo que concierne a Alemania en la Segunda Guerra mundial tarde o temprano aparece el nombre de Hitler, ¿que piensas acerca de papel de este para con la Kriegsmarine?

No conozco demasiado bien las interioridades del régimen nazi, pues es uno de los temas de la Segunda Guerra Mundial que más me desagradan. En todo caso mientras que Hitler era muy aficionado a cuestiones militares, desconocía casi por completo todo lo referente a la marina, y dejó hacer a Raeder. Lo que no sé es hasta qué punto los desencuentros entre Hitler y Raeder podían deberse a la pretensión de Raeder de alejar la política de la marina. Su sucesor Doenitz consiguió mantener una relación mucho más fluida con el dictador.

-Y más particularmente ¿consideras que la orden que siempre pesaba sobre los capitanes alemanes de no comprometer sus naves contra otras semejantes pudo pesar en algunas decisiones de estos? Por ejemplo en la Batalla del Rio de la Plata, los compases iniciales de La Batalla del Estrecho de Dinamarca o la Batalla del mar Barents (3), los comandantes alemanes parecen actuar con bastante cautela.

Por raro que parezca, creo que Hitler no iba del todo descaminado, pero por motivos equivocados. Desde luego no se puede conseguir nada si no se corren riesgos: si la flota alemana hubiese permanecido continuamente en puerto antes o después los británicos la hubiesen bloqueado con minas y hubiesen destinado la Royal Navy a otras misiones (como derrotar a los italianos o los japoneses). Por otra parte para los ingleses era mucho peor un acorazado alemán (o un crucero) en puerto, ya que les obligaba mantener a varios buques de guerra preparados, tanto en los barcos destinados a su caza como escoltando convoyes. La caza del Bismarck necesitó que los ingleses enviasen seis buques de batalla y dos portaaviones. Hundirlo costó perder el Hood... pero los ingleses disponían de otros cinco acorazados en construcción, y los alemanes ninguno.
Siendo tan amenazante un barco a flote, es razonable no correr riesgos excesivos. Pero una cosa es eso, otra dar órdenes tan estrictas que paralicen a los mandos: tras el relevo del almirante Marschall (por hundir al Glorious corriendo riesgos) lo sorprendente es que los mandos alemanes se arriesgasen a salir al mar o que no huyesen a toda velocidad al ver una bandera inglesa.

Pero si hablamos de los casos concretos... El Graf Spee, tras el combate del Río de la Plata, tenía una grave avería en el sistema de suministro de combustible, por lo que su autonomía se medía en horas. Salir a combatir sabiendo que las máquinas se pararán en medio de la batalla es suicida. También me parece correcta que Lutjens dejase escapar al Prince of Wales en el Estrecho de Dinamarca me parece correcta, ya que no hubiese sido nada fácil hundirlo, el riesgo hubiese sido excesivo, y los ingleses tenían muchos más acorazados. Respecto a Kummetz en el Mar de Barents, esa batalla se libró en condiciones de visibilidad tan malas que no era difícil que alguno de sus barcos tuviese un mal encuentro, como de hecho le pasó a un destructor. Es decir, que en esos tres casos fue correcto que los alemanes rehuyesen combatir, y no sé hasta qué punto las órdenes de Hitler pudieron influir.

-Otra figura política famosa por, entre otras cosas, su relación con la Kriegsmarine es Goering. Su famosa frase “Todo lo que vuela es mío” es considerada un lastre para la Kriegsmarine y su arma aeronaval .Tanto Doentiz como Raeder se quejaron amargamente de no disponer de más aviones a su disposición para exploración lejana achacandole la culpa a Goering y su círculo. ¿Qué podrías contarnos sobre esto? ¿Tienes alguna opinión?

Me parece que estamos hablando de un problema mucho más complejo de lo que normalmente se piensa. Reunir todo lo que volase en una única arma era la tendencia habitual en la época, de la que solo se salvaron Japón y Estados Unidos. Incluso el Servicio Aéreo Naval de la Royal Navy fue disuelto e integrado en la RAF... lo que dio una ocasión de oro a los alemanes, pero eso es otra cuestión. A la US Navy conservar su aviación le costó muchos esfuerzos, tanto antes como después de la guerra: excelentes jefes como el almirante Gallery tuvieron que retirarse tras plantarse ante la USAF y el Congreso (en la "revuelta de los almiranntes"). Raeder, por lo que sé, nunca se enfrentó ni a Hitler ni a Goering por esto. Tampoco le hubiese ayudado la despolitización de su marina, frente al arma más politizada de Alemania, que era la Luftwaffe.

Raeder no lucho lo que hubiese debido, pesando en sus decisiones no solo el riesgo que corría su carrera sino el que no apreciase la importancia de la aviación. Pero tampoco puso nada de su parte. La Luftwaffe diseñó bastantes modelos de aviones destinados a operar en el mar, pero se llegó al dar el caso de tener que hacer el diseño "a ojo" porque la Kriegsmarine (Raeder) le ocultaba las características de sus buques.

¿Hubiesen podido llegar a un acuerdo Raeder y Goering? No olvidemos que Goering era muy inteligente (en exámenes psiquiátricos hechos durante los juicios de Nuremberg resultó rozar la genialidad), y era lo suficientemente pragmático como para llegar a algún acuerdo con la marina. Tal vez conun poco de flexibilidad por parte de Raeder, mayor convicción, y permitiendo que Goering se atribuyese los éxitos de los portaaviones, Alemania hubiese podido tenerlos.

Raeder también podría haber "tirado por la calle del medio" y construido un portaaviones aunque no tuviese licencia para llevar aviones. Es lo que hizo la Armada Española con el Dédalo, y luego la también lo hizo italiana con el Garibaldi. Más adelante el poder político, enfrentado con la realidad (un portaaviones sin aviones) tuvo que ceder.

Construir ese portaaviones para presionar a la Luftwaffe (y a Hitler) ni siquiera hubiese sido demasiado caro: bastaba con tomar un casco a medio construir (uno de los petroleros de flota, que pasaban de los 20 nudos), convertirlo en portaaviones con planos japoneses, y luego "retar" a Goering a que pusiese algo en su cubierta.

¿Hubiese sido posible un acuerdo como a que llegaron la RAF y la Royal Navy en el periodo de entreguerras (tú pones los barcos y yo los aviones y sus dotaciones)? No lo sé, pero creo que no fue solo culpa de Goering.
-Pasemos a la guerra submarina. Esta es considerada habitualmente el mayor éxito de la Kriegsmarine durante la contienda. ¿Cuál es tu opinión al respecto sobre la campaña submarina?

Desde luego que buena. Puso contra las cuerdas a Inglaterra, y obligó a los aliados a hacer un esfuerzo enorme: por ejemplo, se construyeron varios miles de barcos de escolta, desde pequeños cazasubmarinos de madera a portaaviones de veinte mil toneladas. Imaginemos todo ese acero y esos cañones, convertidos en tanques.

-Más particularmente te has mostrado bastante crítico con la figura de Doenitz. Creo recordar, han sido muchos debates ya entre los dos, que no lo consideras un buen líder porque, entre otras cosas no supo adaptarse a los cambios tecnológicos ni perpetrar nuevas tácticas de combate ¿se me olvida algo al respecto?

La misma pregunta lo dice. Las tácticas de 1940 no funcionaron en 1943, sin que Doenitz pudiese presentar una alternativa. Igualmente importante Doenitz no prestó atención a los desarrollos técnicos: la aviación naval, el radar, etcétera.

El enorme crecimiento de las fuerzas antisubmarinas aliadas hacen improbable que Doenitz pudiese hacer mucho más, pero es que los aliados supieron usar la táctica alemana contra ellos: Doenitz controlaba su fuerza submarina haciendo uso intensivo de la radio, tanto desde el puesto de mando como desde los sumergibles. Los aliados, gracias al uso de radiogoniómetros de alta frecuencia primero, y luego gracias a la ruptura de las claves alemanas (facilitada por el uso tan grande de la radio) pudieron detectar, atacar y destruir a los submarinos.

Como los aliados tampoco eran perfectos cometieron errores muy graves. Varias veces las defensas antisubmarinas inglesas se encontraron con los submarinos aprovisionadores, en coincidencias tan improbables que hacían sospechar de la seguridad de las comunicaciones. Hasta Doenitz lo sospechó… y se dejó convencer por sus técnicos. Que Doenitz hubiese denunciado la falta de seguridad del sistema de cifrado alemán hubiese tenido tremendas repercusiones para el curso de la guerra.

Otro aspecto significativo es el del fallo de las tripulaciones de los submarinos. No en valor sino en técnica. Gran parte de los éxitos de los U-Boot los consiguieron unos pocos barcos, mandados por submarinistas formados antes de la guerra. El resto de los submarinos apenas consiguieron hundir dos o tres barcos. Esas diferencias se dieron en todas las flotas submarinas, pero los aliados, sobre todo los norteamericanos, cuya fuerza submarina también se multiplicó y llevó a cabo una campaña contra Japón muy parecida a la de Doenitz, tomaron medidas para solucionar ese fallo, y la eficacia de sus barcos aumentó con el tiempo, mientras que la de los alemanes disminuía. Desde luego la capacidad antisubmarina japonesa no tenía nada que ver con la inglesa, pero es algo que muestra que en la campaña de los U-Boot no fue todo tan bien como pueda parecer.

Eso no quiere decir que Doenitz fuese tan malo. Por ejemplo, consiguió mantener excelentes relaciones con Hitler, y a pesar de jugar contra un enemigo que le veía sus cartas (mediante ULTRA) consiguió poner a los ingleses contra las cuerdas. Doenitz fue un buen almirante, pero no un genio naval. No lo considero mejor que Lockwood, por ejemplo.

-¿Qué opinión te merecen los ,considerados como primeros submarinos reales , tipo XXI? ¿Podrían haber llegado antes? ¿Podrían haber relanzado la campaña submarina?

Creo que no. Desde luego los tipo XXI hubiesen sido enemigos terribles... en 1941, cuando no eran necesarios.

El problema es que hasta 1942 no se advirtió la necesidad de un nuevo tipo de submarino, y no do tiempo a que el nuevo tipo de buque llegase a entrar en servicio. Tampoco ayudó mucho que para ahorrar tiempo se iniciase la producción del nuevo tipo sin construir prototipos, y se usase un nuevo sistema de producción, la construcción modular. Los módulos se construyeron en industrias sin experiencia en construcción naval y luego, cuando se montaron, las secciones no encajaban, y costó muchos meses conseguir que los submarinos flotasen. Solo dos barcos llegaron a ser operativos (unos días antes del final de la guerra) y muchos tuvieron que ser desguazados en la grada por sus defectos. El desarrollo del tipo XXI me parece un ejemplo de "lo mejor es enemigo de lo bueno", y de como por emprender un proyecto demasiado ambicioso al final no se consiguió nada.

No digo que no hubiese debido emprenderse ese proyecto, al contrario, pero probablemente un desarrollo corriendo menos riesgos industriales hubiese conseguido que algún buque llegase a entrar en servicio en 1944. Además no era la única posibilidad. En la posguerra los norteamericanos modernizaron sus submarinos de las clases Gato, Balao y Tench (todos ellos barcos grandes, de 1.500 Tn de desplazamiento) con conversiones más o menos amplias que acabaron dándoles prestaciones similares a los tipo XXI. Tal vez los tipo IX eran demasiado pequeños para la conversión, pero los tipo X (submarinos minadores de 1.700 Tn) hubiesen podido servir como prototipos, incorporando las nuevas características (líneas limpias, baterías mayores, snorkel) sin tener que perder el tiempo con el diseño del casco, y así tener los primeros "elektroboat" en 1944.

Pero no creo que los “elektroboat” hubiesen llegado a repetir los éxitos de 1940 y 1941. Se debe a dos limitaciones de los submarinos convencionales. Por una parte, su horizonte visual es limitado (ya que los alemanes no disponían de radar para sus submarinos) y el sonar de la época daba poca información: lo justo como para decir "por ahí hay algo" pero no para poder dar una marcación adecuada, menos para conocer rumbo y velocidad del objetivo. Y ahí entramos en la segunda limitación: la velocidad y la autonomía en inmersión: aunque esos submarinos pudiesen conseguir velocidades elevadas, las podían mantener tiempos muy cortos, especialmente si las baterías no estaban cargadas por completo (o si estaban gastadas). La velocidad "normal" podría ser de unos doce nudos, apenas suficiente para dar caza a los convoyes lentos. Esa velocidad no bastaba para dar caza a los nuevos mercantes aliados (los Liberty llegaban a 10-11 nudos, los C2 y C3, los Victory o los petroleros T2 pasaban de 15 nudos). Por su movilidad limitada en la posguerra se ha descrito a los submarinos convencionales (derivados del tipo XXI) como "boyas armadas con torpedos" o "minas de largo alcance". Lo único que podían hacer era esperar que pasase un barco ante su periscopio, o dar caza a los convoyes lentos (de barcos pequeños y viejos).

Además en 1944 los aliados disponían de miles de buques de escolta, equipados con nuevas armas como el torpedo buscador antisubmarino Mk 24 (sin suficiente velocidad como para cazar a un tipo XXI, salvo que estuviese con poca carga en sus baterías). Otros desarrollos (torpedos con mayor velocidad) se retrasaron por no ser necesarios, ya que los submarinos habían sido derrotados en 1944. Los aliados también tenían miles de aviones antisubmarinos aliados, que ya en 1944 usaban avances como radares de onda corta capaces de detectar un snorkel, sonoboyas o detectores de anomalías magnéticas. Había tantos barcos antisubmarinos que cualquier submarino detectado era atacado y perseguido hasta el final por una flotilla, mientras otras mantenían la escolta de los convoyes. En este escenario el tipo XXI (o el tipo XXIII) seguía teniendo muchas posibilidades de supervivencia, podrían hundir bastantes barcos aliados, pero de eso a volver a los "tiempos felices"...

-Finalmente ¿cómo valora , en general, el papel de la Kriegsmarine durante la Segunda Guerra Mundial?

Si hablamos de la flota de superficie, su papel fue muy reducido, en buena parte debido a tener pocos buques, pero también a los problemas técnicos de sus unidades que limitaban su capacidad. A lo más que pudo aspirar la flota de la Kriegsmarine fue a obligar a los británicos a mantener parte de su flota para vigilarla, aliviando a italianos o japoneses. Pero nunca supuso la amenaza que hubiese podido ser si, por ejemplo, hubiesen construido portaaviones en lugar de acorazados.

Respecto a su flota submarina, a pesar de no haber sido perfecta, tuvo una contribución destacada, causando tremendos daños a la flota mercante británica y obligando a los aliados a invertir muchísimos recursos en la guerra antisubmarina. Pero ¿hubiese podido llegar a bloquear a Inglaterra? Yo creo que no, salvo que Alemania hubiese construido cientos de submarinos en el periodo de entreguerras, lo que probablemente hubiese tenido consecuencias políticas.

Por ahora dejamos aquí la entrevista. Espero que Luis quiera repetir ya que me cuenta que tiene también mucho que decir sobre la Royal Navy. Esperemos verle pronto por aquí de nuevo metiendole candela a la marina de su majestad.

Hasta la próxima camarada!

Hasta la próxima.

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